Bueno, pero no te enojes


No recuerdo la última vez que me enojé, no me refiero a una molestia pasajera sino a un enojo que cumpliera con la definición de la RAE, que a la letra dice “movimiento del ánimo que suscita ira contra alguien”, ira que la misma RAE define como “sentimiento de indignación que causa enojo”. Me indignaba sentirme traicionado por alguien que quiero, sentir que di mucho y recibí a cambio un trato injusto, que es peor para mi a no recibir nada. ¿Para qué atropellar al perrito que quiere cruzar Constitución? Si no cruzas con él, sácale la vuelta.


Mis explosiones no eran poquita cosa; mi indignación traía aparejada una carga fuerte de decisión, haciendo a un lado de mi vida a la persona por quien me sentí traicionado; algunas regresaron, otras simplemente se diluyeron y quedaron como un recuerdo.


No era de los que se enojan y destruyen cosas o tienen que ponerlos en prisión preventiva. Las consecuencias de mi enojo me llevaron a hacer cosas sin importancia como escuchar más punk, ponerme mamado y dejarme crecer la barba, algo así como un luchador mini, versión vikingo - mexa, pero también, contrario a la creencia del enojo como algo negativo, me llevó a lugares creativos que no esperaba llegar, a escribir para sanar y sin planearlo, ayudar a otros en su camino de sanación. No lo buscaba ni lo quería, pero llegué ahí y creo que incluso otros han sanado con mis letras más que yo.


En el camino la vida me dio un revés grande con mi salud, como a todos nos pasa o pasará. Tampoco soy el soldado al que le mandan los retos más fuertes, o como sea que vaya esa mamada que la gente publica en redes, la vida está hecha de momentos buenos para disfrutarlos o dejarlos pasar y de retos para enfrentarlos con lo que puedas o dejarse caer. 


Tuve problemas más fuertes que sentirme indignado o poco valorado. ¿Con quién me enojaba? ¿Con la vida? La vida soy yo y enojarme conmigo hasta el grado de hacerme a mi mismo a un lado no iba a ayudar mucho. En lugar de enojarme me puse a ver cómo le hacía para sobrevivir y no quebrarme de más. Cambié mi dieta, dejé de tomar, empecé a ir constante a terapia, me puse a leer de filosofía, de Budismo, del Tao, del Wu Wei, del I-Ching, del Aquí y Ahora, del Universo, de la intuición y de más cosas que ignoraba y dejaba pasar. Superé ese revés, pero por algo que me rebasó perdí la capacidad de enojarme sin darme cuenta, hay una parte de mi que se siente en paz por esto, pero hay otra que me pide no dejar de enojarme.


Hoy estoy enojado y al mismo tiempo no puedo enojarme, así de contradictorio. Hoy tengo razones para sentirme indignado y sacar mi ira. Hoy voy a darme permiso de hacerlo, lo peor que me puede pasar es ayudar a alguien más a sanar. 


Si me ven escuchando punk, mamado y con barba, quiere decir que algo va bien en mi vida.


Alan









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